Carrasqueira

A trip to Carrasqueira and Vila Nova de Milfontes, Portugal.

English Version
Carrasqueira is undoubtedly a unique place. Not so much for the town itself, but for the surprising stilted port that overlooks the estuary of the river Sado. I had seen pictures of this place on the internet and put it in my bucket list time ago. Its elevated walkways of sodden planks sit coarsely over the waters making for an uneasy stroll. You can feel the planks yield as you step on them and get the feeling you’re bouncing as you walk. Under heavy rain and with that Atlantic wind blowing its quite an adventure!
These causeways reach out far into the rippling waters of the river. Their pillars tied together with thick ropes, nailed to logs and weathered timbers. The odd dab of blue or red paint on the raw wood probably provides the locals with insight to be kept secret from visitors and the waves, as one trundles unnerved along the walkway, seem to send their applause: "Clap Flop, Flop Clap, Clap"
Each nook contains fishing nets, twine and reeds, tackle and Octopus nests just as varied as the fruits that these waters offer. A real feast for the senses! I have enjoyed spending hours there crouched, watching, intent on capturing beauty. I would wait for a change of the light or for the wind to die down. It has been a gift to be there waiting for the rain to stop, taking in the textures and the colours.

Versión Castellano
Carrasqueira es sin duda un lugar singular. No tanto por el pueblo en sí, sino por el sorprendente puerto palafítico que se asoma al estuario del río Sado. Había visto imágenes de este lugar en internet y quise visitarlo en cuanto tuviera oportunidad. Los pasadizos elevados se extienden sobre las aguas de manera artesanal y no deja de ser algo desconcertante pasear por encima de ellas, sobre todo las más irregulares. Notas como las tablas ceden con el peso del cuerpo y parece que va uno botando al andar. Con fuertes lluvias y viento, es toda una aventura os lo aseguro.
Estos caminos se adentran en las aguas, salen ramales apuntalados y reformados, atados con sogas y clavados sobre troncos. En ocasiones un brochazo caótico de pintura azul o roja deja señal a los lugareños de información sin duda secreta para los demás visitantes y las olas, mientras uno avanza por tan angosta travesía, parecen aplaudir: “Clap Flop, Flop Clap, Clap”
Cada recoveco contiene redes, bramantes y brabantes, cáñamos y maromas, pulperas y trastos tan variados como los frutos que ofrecen esas aguas. Es un festín para los sentidos y pasar unas horas ahí, observando, concentrado en capturar su belleza, esperando un cambio de luz o que amaine el viento, que pare la lluvia, buscando texturas y color ha sido un verdadero regalo.
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